Traducciones del Progressive Librarian. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero


Traducciones del 'Progressive Librarian'


 

Contra la bibliotecología tecnopólica

Por Mark Hudson. Traducido por Sara Plaza

 

La siguiente entrada es la introducción de un artículo de Mark Hudson titulado "Against Technopolistic LIbrarianship", que fue publicado en la revista estadounidense Progressive Librarian (nº 44, primavera de 2016, pp. 3-5). Dicho artículo ha sido traducido del inglés por Sara Plaza y revisado por Edgardo Civallero con permiso expreso de la autora, y puede descargarse completo aquí.

 

En las últimas décadas hemos visto cómo las escuelas de bibliotecología suprimían de su denominación el término "bibliotecología" y se convertían en "escuelas de información" ["i-schools"]. Pero ha sido hace poco cuando un artículo publicado en la sección de negocios de la Pittsburgh Post-Gazette informaba alegremente a los lectores que la hasta entonces "Biblioteca Carnegie de Homestead" había sido "oficialmente rebautizada" como simplemente "Carnegie de Homestead". Tal vez este sea el primer ejemplo de una biblioteca pública que elimina la palabra "biblioteca" de su nombre oficial. Incluso el Rangeview Library District [el sistema de 7 bibliotecas públicas del condado de Adams, Colorado, Estados Unidos] que hace pocos años rebautizó sus bibliotecas como "Anythink" y dejó de utilizar los títulos tradicionales para designar los cargos de una biblioteca, mantiene todavía el término "biblioteca" (tal vez de manera perversa) en su denominación oficial y en su material publicitario.

La institución descrita en el artículo siempre ha sido multifuncional, como lo son gran parte de las bibliotecas públicas. Sin embargo, parece que en este caso el componente "biblioteca" está siendo relegado a los márgenes de lo que, de ahora en adelante, será principalmente un centro educativo tecnológico, además de una sala de conciertos y un club de atletismo de pago. Aunque la tendencia de convertir las bibliotecas en "espacios tecnológicos" está muy extendida, la mayoría de las instituciones que se llaman a sí mismas "bibliotecas" han mantenido la palabra. Esta historia puede ser indicativa de profundas transformaciones venideras.

Lo que el artículo del Post-Gazette no menciona es que, varios años antes, la junta directiva de la por entonces Biblioteca Carnegie de Homestead había despedido sumariamente a los titulados en Bibliotecología que ocupaban puestos de administración. Solo entonces, como nos explica el artículo, "miembros de la junta y voluntarios se ofrecieron para ayudar a gestionar el establecimiento". El artículo también nos dice que el actual director "se incorporó a la junta en 2010 y se convirtió en director de administración a tiempo completo en 2012" y que su experiencia previa "incluía haber dirigido un departamento de arte y el servicio telefónico de atención al cliente de una empresa manufacturera". La cuestión de por qué una biblioteca pública que supuestamente se precie de serlo debería ser gestionada por una persona que carece de titulación en Bibliotecología, o de experiencia previa trabajando en una biblioteca, no se trata en el artículo. Tal vez, como la "Carnegie de Homestead" ya no es una biblioteca, eso ya no es un problema.